Héctor Bisso y Luis Salva: un diálogo entre Mozart, Beethoven y Sibelius

El pianista Héctor Bisso y el violinista Luis Salva vuelven a encontrarse en la Sala Rautenstrauch para recorrer tres universos musicales a través de la intimidad del diálogo entre piano y violín. El concierto será el sábado 10 de octubre, a las 20 hs, en el Campus de Artes y Música Bariloche.

Los encuentros musicales comienzan mucho antes de que se enciendan las luces de un escenario. El vínculo entre Héctor Bisso y Luis Salva no es la excepción. Se conocen desde hace décadas, desde aquellos primeros años en los que Salva integraba la Orquesta Juvenil Cofradía y viajaba a El Bolsón, donde Bisso desarrollaba su trabajo al frente de un coro de cámara.

Desde entonces, sus caminos volvieron a cruzarse en distintas oportunidades. Bisso lo convocó para acompañar actividades corales y conciertos de Navidad y, desde 2009, comenzaron a reunirse esporádicamente para hacer música de cámara. A partir de 2024, ese encuentro adquirió una continuidad que hoy vuelve a llevarlos a la Sala Rautenstrauch.

El sábado 10 de octubre, a las 20 hs, piano y violín serán los protagonistas de un programa que reúne a Wolfgang Amadeus Mozart, Ludwig van Beethoven y Jean Sibelius, tres compositores separados por más de un siglo de historia musical, pero unidos en esta ocasión por la posibilidad de escuchar cómo evoluciona el lenguaje y cómo cambia el diálogo entre los instrumentos.

En una entrevista con La Antesala del CAMBA, Héctor Bisso habló sobre el programa elegido, su vínculo con Salva y su propio recorrido como pianista.

La música de cámara como conversación

Para Bisso, una de las riquezas del repertorio elegido está precisamente en esa conversación. La sonata para violín y piano se convirtió, durante el período clásico, en uno de los espacios privilegiados para el desarrollo de la música de cámara.

“La sonata le sirve a Mozart como una especie de buen escenario para el diálogo”, explica. En sus obras, el tema puede comenzar en el piano mientras el violín acompaña, para luego invertir los papeles y dejar que sea el violín quien tome la voz principal. Una conversación musical en la que ninguno de los instrumentos queda reducido a un simple acompañamiento.

La Sonata para violín y piano KV 380 de Mozart, escrita en 1781, será la puerta de entrada al programa. Bisso destaca en ella la claridad y la transparencia de un lenguaje que define como “muy cristalino”, pero que al mismo tiempo conserva toda la riqueza expresiva del compositor.

Después llegará Beethoven, con su Sonata para violín y piano Op. 96, la décima y última de las sonatas que escribió para esta formación. Compuesta en 1812, pertenece a una etapa de madurez en la que el compositor lleva el lenguaje de la sonata hacia nuevas posibilidades.

“Beethoven le agrega sus condimentos”, señala Bisso. Si Mozart establece con claridad una estructura de tres movimientos —uno rápido, uno lento y otro rápido—, Beethoven amplía ese formato e incorpora, en distintas obras, movimientos como el scherzo, palabra italiana que significa “juego”. Pero en esta última sonata hay algo particular: no aparece el Beethoven más tumultuoso o temperamental, sino otro, más sereno y contemplativo. “Es una sonata más diáfana, más cristalina, más pastoral”, cuenta Bisso. Durante uno de los ensayos, él y Salva encontraron incluso una asociación con la Sexta Sinfonía, la conocida Pastoral: en la obra aparecen pequeños gestos que evocan la naturaleza, como esos trinos que Bisso relaciona con el canto de los pájaros.

La tercera parte del programa se aleja del clasicismo vienés y se interna en el norte de Europa con Jean Sibelius y sus Cinco piezas Op. 81. La inclusión de Sibelius surgió del descubrimiento de un repertorio que, según Bisso, no suele escucharse con frecuencia.

Las cinco piezas —Mazurka, Rondino, Valse, Aubade y Menuetto— presentan un Sibelius diferente del que el público puede asociar con sus grandes obras sinfónicas: pequeñas piezas vinculadas con la danza y de un carácter más íntimo, casi de salón.

“Son muy bonitas realmente”, aprecia Bisso. Y agrega que, en ellas, el compositor finlandés aparece con un lenguaje romántico que incluso puede evocar aires italianos o franceses. El violín, además, tiene aquí un despliegue técnico mayor, lo que permitirá apreciar especialmente las posibilidades interpretativas de Luis Salva.

Así, el programa propone un recorrido que no busca solamente reunir tres grandes nombres, sino ponerlos en relación: Mozart como punto de partida del lenguaje clásico, Beethoven expandiendo sus posibilidades, y Sibelius, ya en el siglo XX, retomando desde otro lugar una sensibilidad romántica.

Volver al piano

Detrás de este concierto hay también una historia personal. La formación musical de Héctor Bisso comenzó en el piano. Estudió en el Conservatorio Nacional de Música Carlos López Buchardo y, cuando llegó a la región a comienzos de los años 80, la vida musical del lugar lo llevó por un camino que terminaría ocupando buena parte de su trayectoria: la dirección coral.

“Me fagocitó la actividad coral porque la gente, una vez que te agarra, no te suelta, y yo tampoco”, recuerda. Aquel primer ensayo con el coro quedó grabado en su memoria como una experiencia casi mística. La actividad se prolongó durante décadas y lo llevó a perfeccionarse, entre otras experiencias, gracias a una beca de la Fundación Antorchas, que le permitió viajar periódicamente a Buenos Aires y continuar sus estudios.

Fue entonces cuando su maestro de dirección coral, Julio Fainguersch, le hizo una recomendación que terminaría teniendo un peso especial: debía retomar el estudio del piano. Aunque durante muchos años no pudo sostener ambas actividades con la misma intensidad, el piano nunca desapareció. Fue su instrumento, su herramienta de trabajo, incluso cuando la dirección coral y la docencia ocupaban el centro de su actividad.

Desde 2022, al retirarse de la docencia y de la dirección coral, Bisso comenzó a recuperar de manera más plena aquel espacio que durante años había quedado relegado. “Esta vuelta al piano para mí es maravillosa”, dice.

Y hay algo más que reconoce ahora desde su experiencia como intérprete: los años de dirección coral modificaron su manera de escuchar. “Tengo un oído de director”, explica. Esa experiencia, sumada a la docencia, también transformó su forma de tocar y de relacionarse musicalmente con otros intérpretes.

Una vida musical que creció con la región

La historia personal de Bisso también permite recorrer, en cierta medida, la transformación de la vida musical de la región durante las últimas cuatro décadas.

Cuando llegó en 1981, recuerda, ya existía una importante actividad vinculada al Camping Musical Bariloche, a la Camerata Bariloche y a los cursos que se desarrollaban durante el verano. En El Bolsón encontró una escena cultural más pequeña, pero con una fuerte creatividad, especialmente en disciplinas como la pintura y la literatura.

Allí creó, en 1983, un coro de cámara que desarrolló una trayectoria de 28 años y que generó encuentros corales, conciertos y actividades culturales. También recuerda el trabajo de Marcelo García Morillo y el conjunto Languedoc, dedicado a la música medieval, que tuvo una extensa continuidad.

Mientras tanto, Bariloche fue continuando y desarrollando nuevas estructuras de formación y producción musical: el Coro de Niños y Jóvenes Cantores, la Orquesta Juvenil Cofradía y, posteriormente, a nivel provincial, la Orquesta Filarmónica de Río Negro, entre otras experiencias.

“Cuando yo llegué a la zona, no veías un violín por la calle. Y hoy ves un montón de chicos que van con violín, cellos, guitarras”, señala. Para Bisso, ese crecimiento de la actividad musical fue acompañado también por la formación de nuevos públicos. La expansión demográfica de la región, las escuelas de música y la continuidad de los espacios culturales fueron generando una comunidad cada vez más amplia alrededor de la música.

Y hay algo que observa especialmente: la necesidad que tiene el público de encontrarse con el arte. “Es como si cada cosa de cultura, de arte, de la música específicamente, le estuviera dando un poco de vida”, expresa.

Una invitación a escuchar

Bisso entiende la interpretación como un espacio creativo. También por eso le interesa recorrer diferentes épocas y estilos. No habla de preferencias cerradas, sino del placer de “pasearse” por la historia de la música, establecer vínculos entre períodos y descubrir qué ocurre cuando una obra dialoga con otra, incluso cuando las separan varios siglos.

Para quienes se acercan por primera vez a la música de cámara, Bisso encuentra una razón sencilla para recomendar el encuentro: “La conjunción del violín y el piano es muy adecuada”, dice. A eso se suma un repertorio que considera especialmente atractivo y dos intérpretes con una larga historia compartida.

Habrá, además, algunas guías de escucha durante el concierto. Porque para Bisso escuchar también puede ser una forma de descubrir: reconocer una estructura, seguir un diálogo, advertir cómo un instrumento toma una idea que antes estaba en otro, percibir un gesto de naturaleza en Beethoven o dejarse sorprender por el Sibelius más íntimo.

El 10 de octubre, en la Sala Rautenstrauch, Héctor Bisso volverá a sentarse al piano junto a Luis Salva para recorrer ese repertorio: el reencuentro de un músico con el instrumento que, durante cuarenta años de dirección coral, nunca dejó de acompañarlo.


Sábado 10 de octubre – 20 hs

Sala Rautenstrauch | Campus de Artes y Música Bariloche | CAMBA

Enlace a entrada anticipada: https://www.passline.com/sitio-evento/bisso-salva


https://ava.ar/blog/hector-bisso-y-luis-salva-un-dialogo-entre-mozart-beethoven-y-sibelius

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