Gabriel Schebor: “La música del laúd tiene una poesía y una sutileza muy especial”
A 400 años de la muerte de John Dowland, el laudista, guitarrista e investigador llega a Bariloche con un programa dedicado al gran compositor inglés y a otros músicos de su tiempo.
¿Qué puede contar un instrumento sobre una época? ¿Qué sucede cuando una música que nació hace más de cuatro siglos vuelve a sonar hoy en un laúd?
El próximo sábado 26 de septiembre, Gabriel Schebor ofrecerá en la Sala Rautenstrauch un concierto dedicado a John Dowland, a 400 años de su muerte. El programa reúne obras del gran compositor y laudista inglés junto con piezas de Robert Ballard, Nicolas Vallet, Alessandro Piccinini y Michelagnolo Galilei, músicos que permiten ampliar la mirada sobre el universo sonoro de finales del siglo XVI y comienzos del XVII.
Schebor es uno de los intérpretes latinoamericanos destacados en instrumentos históricos de cuerda pulsada. Profesor Superior de Guitarra, se especializó desde hace décadas en la interpretación de laúd, tiorba, vihuela, guitarra barroca y otras guitarras históricas. Su trayectoria como intérprete, docente e investigador lo llevó a recorrer escenarios de Sudamérica y Europa, y a desarrollar una extensa producción discográfica.
Pero este concierto no propone únicamente un homenaje a Dowland. También es una oportunidad para acercarse a un instrumento que, durante siglos, ocupó un lugar central en la vida musical europea y que hoy puede resultar desconocido para buena parte del público.
¿Por qué John Dowland?
“Para eso necesitamos conocer brevemente la historia del laúd”, explica Schebor al hablar del origen del programa. El laúd llegó a Europa desde Medio Oriente y fue transformándose a lo largo de los siglos para adaptarse a las diferentes modas musicales. Su presencia en Europa se extendió durante aproximadamente un milenio, hasta llegar prácticamente a la época de Beethoven.
Dentro de esa larga historia, John Dowland ocupa un lugar destacado. Nacido en 1563 y fallecido en 1626, fue un extraordinario laudista y compositor de canciones. Su producción incluye música para laúd solo y canciones que circularon tanto en versiones para cuatro voces como para voz y laúd.
“Sus canciones fueron tremendamente populares”, cuenta Schebor. “Mayormente, la gente que ha cantado en coros o ha cantado música renacentista conoce a Dowland por sus canciones. Por otro lado, los laudistas y la mayoría de los guitarristas lo conocen por su extraordinaria producción para este instrumento, para el laúd”.
Las obras de Dowland formaban parte del repertorio de los llamados Broken Consort, conjuntos instrumentales que acompañaban a compañías teatrales itinerantes. “Era algo así como la banda sonora de los grupos de teatro de la Inglaterra isabelina”, explica Schebor. “El teatro de Shakespeare, por ejemplo, lo hacían grupos de teatro que en algunos casos eran itinerantes. Andaban por las distintas ciudades los actores con sus directores y llevaban una escenografía frecuentemente no demasiado florida, pero también iban con un grupo de músicos, de seis músicos, que tocaban, entre otras cosas, la música de Dowland”.
Un homenaje que va más allá de Dowland
El propio Schebor aclara que su vínculo con Dowland no es exclusivo. “Mi vínculo con Dowland es interesante, pero no es el más fervoroso de todos. A mí me gustan mucho más otros compositores, a pesar de que me encanta [Dowland] y por eso hago, en este programa que voy a presentar en Bariloche, una reunión de músicos contemporáneos”.
El programa recorre casi medio siglo, desde 1590 hasta 1630, y reúne compositores cuyas obras permiten observar distintas formas de entender el laúd. Entre ellos está Alessandro Piccinini, compositor italiano y figura fundamental en la historia del archilaúd. También Robert Ballard, uno de los principales laudistas de la corte de Luis XIII de Francia; Michelagnolo Galilei, hermano de Galileo Galilei e hijo del teórico y laudista Vincenzo Galilei; y Nicolas Vallet, compositor francés que emigró a Holanda durante las persecuciones religiosas contra los protestantes.
El programa, entonces, funciona como un pequeño mapa de la música para laúd de una época de grandes transformaciones.
Un laúd no era simplemente un laúd
Uno de los aspectos más interesantes que Schebor propone descubrir es que cuando hablamos del “laúd” estamos hablando en realidad de una familia de instrumentos. “En la época de Dowland no había un único laúd posible”. El instrumento que utilizaba habitualmente Dowland tenía siete u ocho órdenes —es decir, juegos o pares de cuerdas que se afinan y pulsan juntas—. El de Robert Ballard, diez; al igual que el de Michelagnolo Galilei. Piccinini, por su parte, desarrolló el archilaúd, con una cantidad mucho mayor de órdenes. “Estamos hablando de un período en el cual hay como mínimo tres tipos de laúdes distintos, cuyo repertorio es medianamente adaptable, medianamente compatible”.
Esa diversidad también permite comprender cómo circulaba la música. En una época sin fotocopias ni grabaciones, los músicos armaban sus propios compendios con las obras que querían tocar. “De hecho, hay obras de todos estos autores en manuscritos donde una persona, si quería, se hacía un cuaderno con la música que le gustaba tocar; se conseguía obras de distintos autores y las ponía todas en su cuaderno de música”.
El instrumento de la intimidad
¿Qué lugar ocupaba el laúd en la sociedad de aquel tiempo? Schebor lo define como el instrumento hogareño más importante de ese período. Se tocaba en la intimidad, en pequeñas reuniones, en salones y también en celebraciones. “Se bailaba con el laúd, se hacían fiestas, (…) pero a la vez era un vehículo para la expresión más elevada, más profunda y más intelectual de su época”.
El laúd tenía además una función religiosa, particularmente en el mundo protestante surgido a partir de la Reforma. Schebor recuerda la relación del instrumento con Martín Lutero y el acompañamiento de los corales y los salmos.
Pero su mundo no terminaba allí. Con la aparición de nuevas formas teatrales, algunos instrumentos derivados del laúd, como el archilaúd y la tiorba, encontraron también un lugar en las orquestas que acompañaban la ópera naciente. “Sin duda, fue un protagonista destacadísimo de ese tiempo”.
Galileo, Descartes, Shakespeare, Cervantes…
Hablar de Dowland es también entrar en una época extraordinariamente fértil de la cultura europea. Schebor ubica al compositor en un paisaje histórico compartido con figuras como William Shakespeare, Miguel de Cervantes, Johannes Kepler, René Descartes y Galileo Galilei.
Cervantes y Shakespeare murieron en 1616. Galileo y Descartes pertenecieron a la misma época y, como recuerda Schebor, ambos tocaron el laúd. “Era lo que los estudiantes de teología, filosofía, matemática y los intelectuales aprendían cuando tenían que tener algún tipo de educación musical: aprendían a cantar y a tocar el laúd”.
El instrumento formaba parte de una educación que vinculaba música, pensamiento y vida cotidiana, mucho antes de que esas disciplinas quedaran claramente separadas.
¿Por qué desapareció el laúd?
El ocaso del instrumento comenzó aproximadamente hacia 1800. Pero Schebor advierte que no se trata simplemente de que el laúd haya dejado de ser útil o de que otro instrumento lo haya “reemplazado”.
“Yo creo que uno tiene que pensar en el apogeo y el ocaso de cualquier tipo de expresión artística, no simplemente porque el instrumento no se adaptó por una cuestión de su naturaleza, sino más bien por cosas que vienen de afuera”. Los cambios en los gustos musicales, las transformaciones sociales, las preferencias de las clases privilegiadas y la aparición de instrumentos más adaptables a las nuevas modas fueron modificando el lugar del laúd.
La guitarra se volvió más accesible y se adaptó mejor a los nuevos lenguajes musicales. El piano, por su parte, fue adquiriendo un formato estable y comenzó a desarrollarse también como producto de una nueva lógica de producción. “Los laúdes no funcionan tan bien para eso. Son más difíciles y más caros”. Así, un instrumento que durante siglos había estado presente en la vida cotidiana fue quedando relegado a ámbitos cada vez más reducidos.
El camino de Schebor hacia el laúd
La historia personal de Schebor con el instrumento comenzó con una revelación más bien práctica. “Yo me dedico a los laúdes desde hace 32 años. La historia es un poco menos romántica de lo que puede parecer a priori”.
Después de terminar el conservatorio de guitarra clásica, se encontró con un panorama profesional que no lo conformaba. La curiosidad y el deseo de estudiar lo llevaron hacia territorios menos transitados. “Nunca me interesó demasiado el mainstream de la guitarra. Más bien me interesaban las cosas marginales y más raras”.
Comenzó a investigar la música contemporánea y, casi al mismo tiempo, descubrió que la música antigua ofrecía un campo de estudio enorme. “A mí me atrapó mucho esta idea de que también esto que nosotros generalizamos como música antigua es un montón de campos diferentes y cuando uno abre una puertita, se le abren 200 puertitas más”.
Ese camino lo llevó a estudiar con músicos fundamentales para su formación, entre ellos Carlos Ravina, Dolores Costoyas, Eduardo Egüez y Hopkinson Smith. El encuentro con Smith, en 1993, en el Camping Musical Bariloche —uno de los espacios que marcaron su formación como intérprete e investigador de instrumentos históricos de cuerda pulsada—, fue especialmente decisivo. “Me deslumbró absolutamente. Me cambió de una manera definitiva”.
A partir de allí, su recorrido se fue ampliando hacia distintos instrumentos, repertorios y técnicas. La tiorba fue una de sus primeras especialidades y luego fueron llegando nuevos instrumentos a medida que aparecían nuevas posibilidades de estudio y de trabajo. “Entonces fue un camino que se fue ensanchando y, por ahora, no deja de ensancharse. El estudio sigue, la incorporación sigue”.
Escuchar un laúd por primera vez
Para alguien que nunca escuchó un laúd en vivo, Schebor tiene una invitación sencilla y contundente. “Yo estoy seguro de que les va a encantar. No puedo decir otra cosa”.
No habla únicamente de las obras ni de la historia del instrumento. Habla, sobre todo, de una experiencia sonora. “La música del laúd, en general, toda la música del laúd es una música deliciosa. La sonoridad del instrumento es totalmente cautivante”.
Y hay algo más: “Y la música tiene una poesía y una sutileza muy especial. Por supuesto, es una música muy de la intimidad. No tiene nada guerrero, nada de violento. Es una música ‘tranquila’”.
Pero esa aparente calma no significa ausencia de movimiento. En el interior de cada obra, Schebor encuentra otros mundos. “Hay una cantidad de historias y pequeños cuentitos que cada obra va contando, pequeños diálogos entre pequeñas personitas que van dando su voz, su canción, a través de una magia que está muy cercana al universo de una buena oratoria y de una buena poesía”.
Para explicarlo, recurre a una referencia más cercana: “Los que hayan escuchado a João Gilberto, por ejemplo, que era un brasileño que cantaba siempre muy bajito, muy en la intimidad, con su guitarra, generaba una magia muy especial”.
Es una comparación que, más que explicar técnicamente la música de Dowland, permite imaginarla: una música que no necesita imponerse para capturar la atención, que trabaja desde la cercanía y el detalle.
El sábado 26 de septiembre, esa intimidad llegará a la Sala Rautenstrauch. A 400 años de la muerte de John Dowland, Gabriel Schebor propone volver a escuchar su música junto a la de otros compositores de su tiempo, recuperar el sonido de una familia de instrumentos y acercar al público a un mundo en el que el laúd podía acompañar una danza, una ceremonia religiosa, una obra teatral o, simplemente, una conversación entre pocas personas.
Y quizá, como sugiere Schebor, no sea necesario saber distinguir cada estilo. “Lo importante es disfrutar el concierto, por supuesto. Después, si uno entiende más o menos, no importa tanto”.
A 400 años de su muerte, Gabriel Schebor rinde homenaje a John Dowland en un concierto de laúd
Sábado 26 de septiembre – 19 hs
Sala Rautenstrauch, Campus de Artes y Música Bariloche
Venta de entradas anticipadas a través de Passline:
https://www.passline.com/sitio-evento/gabriel-schebor