“Mover los afectos”: un viaje a la guitarra barroca con Miguel de Olaso

El sábado 17 de octubre a las 20 h, el guitarrista, laudista, docente y especialista en música antigua se presentará en la Sala Rautenstrauch con un programa dedicado a la guitarra barroca, que recorrerá obras de Gaspar Sanz, Santiago de Murcia, Francesco Corbetta y Gallot d’Irlande. Contará con la participación especial del Grupo de Jóvenes del Coro de Niños y Jóvenes Cantores de Bariloche.

Hay instrumentos que permiten escuchar el pasado de cerca. La guitarra barroca es uno de ellos. Más pequeña y liviana que la guitarra actual, con cinco órdenes de cuerdas dobles, fue un instrumento de amplia circulación en la Europa de los siglos XVII y XVIII y también tuvo una importante presencia en América.

Miguel de Olaso propone volver a ese universo sonoro en la Sala Rautenstrauch del Campus de Artes y Música Bariloche (CAMBA), perteneciente a la Asociación Camping Musical Bariloche. El programa estará interpretado con una réplica de una guitarra del siglo XVII y un repertorio que reúne distintas tradiciones vinculadas con el instrumento. Es una música pensada para “mover los afectos”: en el sentido barroco, provocar una respuesta emocional en quien la escucha y llegar al corazón.

En una entrevista realizada para La Antesala del CAMBA, Miguel de Olaso conversó sobre el concierto, la historia de la guitarra barroca, las particularidades de su interpretación y también sobre el vínculo que desde hace años mantiene con el Camping Musical, primero como participante y luego como docente y director del seminario para laudistas y guitarristas.

“Por empezar, el instrumento [que va a tocar] es una réplica de una guitarra del siglo XVII”, cuenta Miguel. “El instrumento, ya en esa época, se conocía en toda Europa como guitarra española. Es decir, ya estaba asociado, igual que hoy en día, a España”.

La guitarra barroca tenía algunas características diferentes de las actuales. “Es un instrumento mucho más liviano, como eran los instrumentos de esa época; es decir, pesa menos. En lugar de tener seis cuerdas, tiene cinco, y son cuerdas dobles, como tiene, por ejemplo, el charango”, explica. Las demás particularidades, anticipa, las mostrará durante el concierto: “con el instrumento en la mano, que es más fácil para no estar imaginando ahora”.

Pero el recorrido que propone Miguel no se limita a España. “Lo que yo voy a tocar es, sobre todo, música española, pero también algo de música que circulaba por América y de algunos guitarristas como Francesco Corbetta [c.1615–1681], que era italiano, pero vivió en Francia y luego en Inglaterra, y Gallot d’Irlande [Henry François de Gallot, nacido hacia 1630-1640], que pertenecía a una dinastía de laudistas y guitarristas”, señala.

Existe un manuscrito muy importante con abundante música de Gallot, y Miguel piensa intercalar en el cuerpo principal de música española, a veces, “como si fuera una intervención”, pequeños fragmentos de Corbetta o del propio Gallot.

El repertorio español incluye a Gaspar Sanz (1640–1710), autor de la Instrucción de música sobre la guitarra española, uno de los tratados fundamentales para el estudio de la guitarra de su época, y a Santiago de Murcia (1673–1739), maestro de guitarra de la reina María Luisa Gabriela de Saboya, cuya música circuló también por América: se conservan manuscritos con sus obras hallados en México y en Chile.

La propuesta tendrá, además, un cierre especial. El Grupo de Jóvenes del Coro de Niños y Jóvenes Cantores de Bariloche, dirigido por Gimena Altmann Beveraggi, participará del concierto con dos piezas de música barroca vinculadas con América.

La colaboración surgió a partir del vínculo que Miguel viene construyendo con Bariloche a través de los seminarios que dicta cada año en el CAMBA. “El año pasado [en marzo de 2025], Gimena estuvo cerrando el concierto con nosotros en el seminario y, cuando le comenté este año que iba, surgió así la idea de hacer un par de piezas con ellos para cerrar el concierto”, relata. El programa incluirá una pieza de Juan de Araujo (c. 1646–1712), compositor español que vivió en América, y otra perteneciente al códice Martínez Compañón (1782–1785), de Trujillo, en el norte de Perú. “Eso va a completar; es como un broche para cerrar el concierto”, resume.

Una guitarra para la vida cotidiana

Para comprender el lugar que ocupaba la guitarra barroca, conviene dejar de pensarla como un instrumento excepcional o exclusivamente destinado a los escenarios. La guitarra era un instrumento habitual, fácil de transportar y, al igual que el laúd, tenía una presencia importante en el ámbito doméstico.

En su época, explica Miguel, ya se la conocía como “guitarra española”, incluso hay libros en italiano que la nombran así —chitarra spagnola. Y recurre a una comparación que alguna vez le hizo la pianista Fernanda Morello: “Es como la comida china. En China es comida. Para los chinos no es comida china, es comida”. El nombre “guitarra barroca”, aclara, es un término de hoy. “¿Cómo vamos a saber cómo se va a llamar dentro de 300 años la guitarra clásica, la que tocamos ahora?”, bromea.

En España se tocaba en las casas, pero también en el teatro. Según Miguel, las compañías teatrales, incluso las más pequeñas, contaban habitualmente con un guitarrista o, en su defecto, un arpista. “No había Spotify, no había pistas para poner: había que tocar la música para poder bailar y para poder cantar dentro de las obras”, comenta.

La guitarra también tuvo una presencia significativa en Inglaterra, un territorio que hoy no suele asociarse inmediatamente con este instrumento. Miguel señala que la influencia francesa fue determinante. En Francia el instrumento era muy importante: Luis XIV tocaba la guitarra y tenía en Versalles a su maestro, Robert de Visée, que debía estar siempre disponible, porque, según se cuenta, al monarca le gustaba escuchar música todo el día.

Allí vuelve a escena Francesco Corbetta, uno de los grandes nombres de la guitarra barroca. Carlos II de Inglaterra, exiliado en París tras la revolución que le costó la vida a su padre, Carlos I, lo conoció en esa ciudad y, cuando regresó a Inglaterra, lo llevó consigo. Corbetta, a quien Miguel describe como “supuestamente, el guitarrista más virtuoso de toda Europa”, formó parte de la “Música privada” del monarca inglés y pasó varios años enseñando guitarra a la familia real y a la alta nobleza. Para Miguel, su permanencia en Inglaterra indica que existía allí un contexto propicio para el desarrollo del instrumento.

Por lo que leyó, cuenta Miguel, en Inglaterra la guitarra también la tocaban mucho las mujeres en las casas. Que la tocaran los hombres no siempre estaba bien visto: se la asociaba con modas llegadas de Francia, como el maquillaje, que entonces se consideraban afeminadas, un calificativo que en aquella época tenía un sentido negativo. Aun así, la guitarra también se tocaba en la corte y en otros ámbitos.

De Europa a América: un viaje de ida y vuelta

La historia de la guitarra no terminó en Europa. Por el contrario, en América el instrumento adquirió nuevas formas y características. “Nosotros hoy en América tenemos un montón ‘guitarras americanas’”, explica Miguel, y menciona las vihuelas y jaranas mexicanas, el socavón, la mejorana de Panamá y el cuatro venezolano. “Después de todo, son como adaptaciones de ese modelo europeo. Lo interesante es que acá tuvo una fuerza tremenda. Se desarrolló de un modo impresionante”.

La jarana mexicana que se toca hoy en el folclore, agrega, es prácticamente igual a la guitarra barroca. En Europa, en cambio, el instrumento siguió tocándose, pero no dio lugar a nuevos instrumentos ni a adaptaciones locales: la música pasó a otra cosa.

Ese proceso de transformación también puede rastrearse en la música. Miguel recuerda que, cuando todavía conocía poco el repertorio, escuchaba música renacentista o barroca y pensaba: “Uy, pero esto parece una zamba o parece una chacarera”. Allí encuentra un movimiento de ida y vuelta entre Europa y América. “Así como los instrumentos americanos se desarrollaron a partir de modelos europeos, algo parecido pasó con la música, que después también se mezcló con un montón de otras cosas, de otras culturas”. Y hay algo que todavía está presente en la música de acá, con una raíz europea, mientras que en Europa se fue perdiendo o transformando en otra cosa.

¿Cómo se interpreta hoy una música escrita hace varios siglos?

Para Miguel de Olaso, el estudio histórico es fundamental, pero no puede convertirse en un fin en sí mismo. Existe, explica, un movimiento que comenzó en Europa durante las décadas de 1950 y 1960, que hoy se conoce como “interpretación históricamente informada”. Quienes trabajan desde esta perspectiva investigan los instrumentos, su construcción, las fuentes, los tratados y otros aspectos del contexto cultural de cada época.

“Tratamos de interiorizarnos para saber cómo eran los instrumentos, cómo se construían, tratar de replicarlos del modo más parecido a lo que suponemos que era en la época, leemos fuentes, tratados, a veces no solamente musicales, también leemos poesía, o estudiamos la arquitectura”, explica.

Pero la investigación no alcanza por sí sola. Para Miguel, la interpretación tiene que conservar algo esencial: “Puede haber una interpretación que musicológicamente es muy, muy correcta y, sin embargo, quizás no llega a conmover”, sostiene. “Cuando yo escucho a alguien, lo primero es si me llega o no me llega. Si la obra me toca en algún lugar. Y eso es finalmente lo que buscamos, los músicos, los artistas”.

En ese punto recuerda una frase de su maestro de laúd, el reconocido laudista Hopkinson Smith, con quien estudió un año en Suiza: “Nosotros sabemos más de estilo que la gente de aquella época”. La frase, dicha con cierta ironía, apunta a una paradoja: mientras los intérpretes actuales intentan determinar qué adornos podían hacerse, cómo debía tocarse una determinada frase o qué recursos eran propios de cada período, quienes vivieron en el siglo XVII o XVIII simplemente tocaban.

“Entonces, se trata de que todo eso esté junto”, explica Miguel. Y allí surge una expresión central de la estética musical de aquel tiempo: “mover los afectos”. La música debía provocar algo en quien la escuchaba. Miguel relaciona esa idea con la palabra hablada y con la capacidad de un orador para conmover o convencer.

“Esta música tiene algo muy discursivo”, señala. “Como si hubiera alguien que nos está contando una historia, un cuento”. Para explicar esa diferencia recurre también a una reflexión del director de orquesta austríaco Nikolaus Harnoncourt, uno de los pioneros de la interpretación históricamente informada. Harnoncourt sostenía que la música anterior a la Revolución Francesa “habla”, mientras que la posterior “pinta”. Miguel aclara que se trata de una afirmación categórica y que las fronteras nunca son tan precisas, pero encuentra en ella una idea que ayuda a comprender la música como discurso. “En algo discursivo hay como un tiempo que se necesita para ir comprendiendo o sintiendo lo que uno está recibiendo”, explica.

Para ilustrar la diferencia entre lo que se percibe de una sola vez y lo que se despliega en el tiempo, recurre a una imagen especialmente cercana al paisaje del predio del Campus: “Ustedes tienen el lago, la montaña. Entonces vos ves el lago y, en un segundo, no necesitás mirar el lago, después la montaña, después el cielo, sino que todo eso llega junto. En lo discursivo no, porque justamente hay que contarlo de alguna manera”.

Una curiosidad que se convirtió en camino

La relación de Miguel de Olaso con la música antigua no comenzó como una decisión premeditada. Cuando empezó a estudiar guitarra clásica, se encontró con un repertorio amplio y variado, que iba desde el Renacimiento hasta la música contemporánea. “Me atraía particularmente la música barroca. Bach, la música del Renacimiento… Pero nunca se me había ocurrido tocar un laúd”.

El encuentro con un amigo que también fue su maestro abrió esa puerta. Él tocaba guitarra y había comenzado a estudiar laúd. Miguel comenzó a seguir ese camino, primero desde la curiosidad y después desde el estudio.

Su formación inicial había estado lejos de la música clásica. “Antes de empezar a estudiar guitarra clásica prácticamente no escuchaba música clásica. Yo escuchaba rock, jazz, estaba empezando a escuchar un poco más de folclore, tango”. La llegada a la guitarra clásica significó también descubrir un universo musical que hasta entonces le era desconocido. Recuerda, por ejemplo, haber comprado abonos para jóvenes, de precio muy accesible, del ciclo del Mozarteum en el Teatro Colón y escuchar por primera vez obras que hoy forman parte de su universo cotidiano.

“Por ahí escuchaba una sinfonía de Beethoven que yo no tenía idea”, recuerda. “Mi profesor de guitarra se reía porque yo le decía: ‘Escuché tal sinfonía de Beethoven. ¡Increíble!’. Yo estaba descubriendo…”.

Quizás, después de todo, ese asombro inicial sea el punto de partida de su recorrido.

Diez días para aprender, tocar y escuchar

El vínculo de Miguel de Olaso con el CAMBA tiene además una dimensión formativa. Desde 2023 dirige el Seminario para Laudistas y Guitarristas del Camping Musical, que en marzo de 2027 celebrará su quinta edición.

La propuesta está dirigida principalmente a guitarristas y laudistas, aunque también participan cantantes y otros instrumentistas interesados en la música de cámara. Durante diez días se trabaja repertorio del Renacimiento, el barroco y eventualmente el clasicismo, mediante clases individuales y grupales, ensambles, charlas y contenidos teóricos.

“Yo voy trabajando como si fuera una clase individual, solo que están todos. Entonces pueden aparecer preguntas, puede aparecer algo que yo considere interesante y que por ahí la gente no lo conoce del todo. Entonces ahí es como que desarrollamos ese contenido, más teórico o lo que fuera”, explica.

La propuesta también busca abrir el repertorio a distintas combinaciones instrumentales. Un flautista puede trabajar con un guitarrista, un cantante puede participar en una experiencia de música de cámara y se pueden formar pequeños ensambles.

En marzo de 2025 participó también su hermano Manuel de Olaso, clavecinista, quien brindó una clase sobre bajo continuo. Para la próxima edición está prevista nuevamente su participación como profesor invitado.

Pero el seminario no se piensa solamente como una sucesión de clases. Para Miguel, el tiempo libre es parte esencial de la experiencia. “No soy muy amigo de los seminarios donde hay una cosa tras la otra todo el tiempo y uno no tiene momento para poder poner la cabeza en otro lado”, dice. “Es el mejor modo para que todo eso que uno estuvo aprendiendo se baje y uno lo incorpore no pensando en eso, sino mirando al lago”.

El propio vínculo de Miguel con el Camping Musical tiene una larga historia. Antes de dirigir el seminario, había participado allí como estudiante, en un seminario de guitarra del maestro Miguel Ángel Girollet. También había dirigido, en 2006, un seminario de música barroca española que incluyó al Instituto Superior de Arte del Teatro Colón.

Entre esos recuerdos se destaca el seminario de laúd que realizó en 1993 con el mismo Hopkinson Smith, su futuro maestro en Suiza. “Para mí, estar en ese lugar es muy emocionante”, reconoce. “Cuando yo empiezo a repasar los nombres de la gente que ha dado seminarios de guitarra en el Camping, estar ahí ahora es un orgullo”.

El paisaje como parte de la experiencia

Hay algo más que, para Miguel, vuelve particular la experiencia de formación en el CAMBA: el entorno. Silencio, montaña, lago, bosque y pájaros forman parte de una experiencia que excede las horas de estudio.

“El hecho también de convivir, de desayunar, almorzar, cenar, ir a caminar, aparte de las clases, me parece que también es como una especie de retiro espiritual. O lo es, no una especie”. La convivencia también fue consolidando, a lo largo de las distintas ediciones, un grupo de personas que vuelve año tras año y que se transforma con cada nueva experiencia.

Para Miguel, el aislamiento relativo del lugar enriquece la percepción del espacio y del tiempo. “No es lo mismo que estar en Bariloche, en el centro de la ciudad, parando en un hotel y yendo a hacer las clases a un lugar”, señala. “Más allá de la belleza que tiene, el hecho de estar un poco aislados, cada día es, para mí, larguísimo, en el buen sentido. Es muy aprovechable, muy disfrutable”.

Una invitación a escuchar de otra manera

Para quienes nunca escucharon música antigua o nunca tuvieron contacto con una guitarra barroca, Miguel encuentra una primera razón para acercarse: “Se trata de un instrumento que probablemente nunca vio, y eso ya puede despertar una curiosidad: que así eran las guitarras hace casi 400 años”.

Pero también invita a tener una experiencia sonora diferente. La guitarra barroca no fue concebida para proyectar el volumen sonoro que hoy asociamos con un concierto. Su mundo es más íntimo, ligado a la suavidad y a la armonía.

“Va a estar en un concierto de música muy íntima”, dice. Y vuelve, inevitablemente, al entorno: el concierto será por la noche, en un espacio rodeado de lago, montaña y bosque.

Quizás allí esté una de las claves de esta propuesta: no solamente escuchar una música de hace casi cuatro siglos, sino hacerlo en un contexto que permita recuperar algo de su carácter más íntimo y más humano.

La Sala Rautenstrauch será escenario de ese encuentro. Una guitarra del siglo XVII, tradiciones de la música antigua, voces y un paisaje que, como la propia música, invita a escuchar con cercanía.


Miguel de Olaso — Guitarra barroca
Sábado 17 de octubre | 20 h
Sala Rautenstrauch — Campus de Artes y Música Bariloche | CAMBA

Participación especial: Grupo de Jóvenes del Coro de Niños y Jóvenes Cantores de Bariloche, dirigido por Gimena Altmann Beveraggi.

Entradas anticipadas: https://www.passline.com/sitio-evento/migueldeolaso


Más información del Quinto Seminario para Laudistas y Guitarristas en el Campus de Artes y Música Bariloche: https://docs.google.com/document/d/1jHI0tItd-eSWqQJ_hsK7nbvRRMBOga5mW7IDKGOTicQ/edit?usp=sharing

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