Un abrazo necesario: Juan Fulgueiras reúne cuerdas y voces en un concierto de tango

Juan Fulgueiras quería llamar a este concierto «Un abrazo necesario». Lo pensó por el abrazo propio de la danza del tango, al que quienes lo bailan le dan tanta importancia. Al final, el diseñador le advirtió que quizás el nombre podría resultar demasiado largo, y terminaron eligiendo Tangos entre cuerdas. Pero la idea sobrevivió al título: el sábado 7 de noviembre, a las 20 h, la Sala Rautenstrauch del Campus de Artes y Música Bariloche será, antes que nada, un lugar de encuentro, de abrazo.

Un lugar que conecta

Para Juan, tocar en el Camping Musical empieza antes de que suene el primer acorde. «Es una especie de encuentro litúrgico. El lugar donde uno va a conectarse con algo, porque se acerca hasta ahí, se prepara en el camino…», cuenta. «Yo siempre lo vivo así, al menos cuando voy a tocar, uno encara para allá y ya empieza a estar en un modo de conexión con eso». Por eso lo vive como un rito: «primero y principal con la música, segundo con colegas que generalmente, gracias a Dios, son gente muy querida y muy admirada, porque son grandes músicos y músicas».

Seis Cuerdas al Sur, su proyecto, se presenta un par de veces por año con una propuesta musical definida. Esta vez el desafío fue de agenda: los cuerdistas, todos de gran nivel, están siempre de gira o en alguna orquesta, y reunirlos exigió «un esfuerzo muy muy grande». El resultado es un ensamble de cuerdas y voces que combina la guitarra con dúos y formaciones más amplias. Reconoce que «escuchar guitarra solista de tango es algo bastante particular o que no sé si le gusta a tanta gente», y por eso quiso rodearla de «otras sonoridades y otras personas».

Cuerdas, voces y una ceremonia compartida

El ensamble reúne a Benjamín Oyarzo como violín solista, a Camila Bendersky y Marisel Vera en violines, a Cecilia Basto en violonchelo y a Marcos Domínguez en contrabajo. Para Juan hay historias que se resignifican: Benjamín, por ejemplo, fue su alumno en la escuela y hoy comparte el escenario como un par. «Siempre fue un virtuoso y ahora verlo así, ya adulto, tocando un montón, me pone muy feliz», dice, y le resulta hermoso «compartir esta nueva etapa. Ahora viene a ensayar, con todo su bagaje, e impone su respeto. Eso me encanta».

A las cuerdas se suman las palabras, «la otra parte fundamental» del tango. Victoria de la Puente, más vinculada al folclore, se aventura en otro género. «Sale de la zona de confort, lo que más maneja, y se mete en un universo incómodo si se quiere, y lo hace súper bien. Ahí aparecen cosas que son diferentes. Cuando uno cambia de contexto, cambia un poco como uno es». Juan Melgarejo, en cambio, es un cantor «bien del género, un tipo bien de esa escuela». Su interpretación propone un tango «bien tradicional y bien cantado con esas maneras que todos conocemos y a las que siempre queremos volver». Marcelo Saccomanno aborda el género «desde un lugar poco tradicional», con un carisma especial: «siempre pasan cosas con él que uno no se espera y uno termina divirtiéndose un montón, es uno de esos tipos que logra vivir la emoción más allá de cuestiones que tienen que ver con lo técnico». Y resume: «Me parece que son patas súper interesantes de la construcción musical, porque está el virtuosismo, está el manejo técnico de gran nivel y después está esa magia estética, que es otra parte fundamental del arte».

Piazzolla, sin grises

El repertorio recorre a Carlos Gardel, Aníbal Troilo y Homero Manzi, pero el peso de los ensambles de cuerdas recae en Astor Piazzolla. «Son obras súper complejas, súper ricas. Y como era Astor, que tenía una cabeza excepcional, su lenguaje no admite grises. Hay que meterse a fondo, o no meterse», dice Juan, que retoma adaptaciones propias de años atrás: «Están picantes, están bravas y estamos trabajando sobre eso». También habrá obras de Emilio Balcarce arregladas por Julián Peralta, con una mirada más moderna, y piezas de Astor Piazzolla pertenecientes a Historia del Tango, una obra que, según Juan, se interpreta mucho más en el exterior que en la Argentina. Estas últimas se presentarán en versiones para guitarra y violín.

Nada está del todo cerrado. Los cantores pueden cambiar de idea a último momento, y él mismo deja abierto el repertorio solista: «Vamos a ver qué es lo que ese día pide el corazón. Porque a veces uno piensa en un repertorio, y después uno llega ahí y dice, “bueno, no, voy a tocar otra cosa”, porque en este momento se siente otra cosa. Entonces eso también es lindo, que haya libertad en la elección y que sea un poquito más espontánea».

El tango en lontananza

Juan llegó a Bariloche en el año 2000, huyendo de un Buenos Aires «apocalíptico» y de un panorama personal que, tras la muerte de su padre, era «muy sombrío y muy angustiante porque estaba bastante solo y sin mucho lugar donde ir». Tenía en trámite la ciudadanía europea y pensaba quedarse en el sur unos meses. Y se quedó hasta hoy. «Como toda elección implica una renuncia, pero estamos en paz con eso», dice agradecido, y repasa lo que esa decisión también le dio: becas de formación, giras por Europa y una vida más tranquila, que puede disfrutar.

Lo curioso es que la distancia lo volvió tanguero. «Yo creo que acrecentó mi nostalgia», confiesa. En Buenos Aires exploraba el jazz; fue lejos donde nació su identidad como guitarrista solista de tango. «A veces, estar o no estar en cierto lado te condiciona hacia determinada dirección. Yo siento un poco eso, que el no estar en Buenos Aires me llevó a conectar con esa música de otro lugar.» Y cree que el paisaje se escucha en los acordes, en los punteos: una búsqueda de «un poco más de paz y de sutileza y de ir un poquito a lo chiquito». Lo ejemplifica con el Camping: «Uno llega al Camping a tocar y hace una pausa y mira el Morenito y respira un poco y se conecta. (…) Hay lugares que son excesivamente urbanos en donde no hay una ventana a un paraíso».

¿Hay entonces un tango patagónico? Juan es cauto. Bariloche, dice, «es un crisol forzoso de diferentes personas que vinieron de muchísimos lugares. Entonces, me parece que hay que aceptar esa especie de identidad tan variada. Y no forzar a hacer una síntesis de todo en un género musical». Cuando salió de gira solo por Europa, en 2023, «la gente no sabía si yo era de la Patagonia, o era del norte, o era de Palermo. Ahí se iguala un poco todo». Si hay un sello, piensa, tiene que ver con tomarse un poco más de tiempo para pensar qué es lo que se quiere decir y profundizar en la expresión. Le gusta pensar que hay «toda una maceración de esos sentimientos», y que «no siempre en las grandes ciudades con los ritmos alocados se puede».

Las nuevas generaciones

Juan coordina el área de gestión y producción musical de la ESRN 45, una escuela especializada en realización musical en vivo. Al hacer un balance del año, destaca el trabajo y los logros de sus estudiantes. Observa, en cuanto al mundo digital, que «cada uno de esos chicos parte de una base donde hay una gran presión, un poco ficticia en realidad, con esa sensación de que hay millones de ojos mirándolos en todo lo que hacen». Con las redes pasa eso contradictorio: no quieren quedarse afuera, pero estar adentro «les genera una ansiedad terrible». El desafío, considera, es ayudarlos a encontrar un balance y a sostener algo de disciplina. «A veces da miedo esa palabra, pero si no hay disciplina no pasa nada, ¿no? Si no dormimos las horas que hay que dormir, no llegamos a horario y no tenemos las horas de estudio que tenemos que dedicarle a algo, no nos van a salir las cosas».

También ve motivos para la esperanza. Cuando los alumnos le piden a una inteligencia artificial que haga una canción, prefieren tocarla ellos y «se dan cuenta de que la canción que hace la inteligencia artificial no tiene alma y proponen otra cosa». «Quizás el futuro sea de los que hacen cosas de verdad, sea de aquel que tenga la habilidad de tocar bien el instrumento, en serio», reflexiona. Y le gusta pensar que, si la tecnología lo resuelve todo, la gente «va a necesitar todavía sentirse viva y poder conectar con la emoción y para eso va a ir a escuchar música en vivo».

La invitación

¿Qué le gustaría que la gente se lleve del concierto? Juan no habla tanto del repertorio como de la posibilidad de reconocerse. «Siento que el rol que tenemos ahora los artistas es recordar a la gente que somos humanos y que tenemos emociones, y que se puede encontrar con alguien y se puede conmover». Con el humor siempre cerca: «Yo trato de que siempre esté la risa porque nos oxigena la cabeza el reírnos un poco».

Hay también una razón muy concreta para ir: «Vengan porque es necesario, porque somos un montón». El estudio y el trabajo de tantos músicos merecen una sala llena y aplausos cálidos.

Entonces, quizá el abrazo del título escondido esté en esa invitación a acercarse al tango, abrir el corazón y ver qué sucede: si conmueve, divierte o, simplemente, nos hace sonreír.


Tangos entre cuerdas | Seis Cuerdas al Sur

Sábado 7 de noviembre, 20 h Sala Rautenstrauch, Campus de Artes y Música Bariloche (CAMBA)

Venta anticipada por Passline:
https://www.passline.com/sitio-evento/tangos-entre-cuerdas


Fuente: ava.ar

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